martes, 14 de diciembre de 2010

Dirás que soy un soñador, pero no soy el único.

“Bien parado, o en la lona, hay que ser buena persona”, reza una banda de rock nacional en un tema en el que el cantante homenajea a su padre, quién le ha inculcado esa premisa. Premisa que, con el correr del tiempo, ha tendido a extinguirse casi por completo. Y, a mi humilde entender, es la desaparición de esta ideología lo que nos lleva a vivir en una sociedad con un ‘ventajismo’ latente, donde es más valorado el que le pisa la cabeza a otra persona y no el que ayuda; es venerado el que rompe la ley, sin importarle las consecuencias que genere en otra persona, y no el que intenta respetar los derechos del otro ser humano. Porque nos olvidamos que nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro…

Seguramente, usted lector/a, en este momento piense que es verdad todo lo que he escrito. Perfecto. ¿Pero qué hace usted para generar buenas acciones? ¿En qué ayuda o respeta al que está al lado, sin importarle quién fuera, su color de piel, su religión o su nivel socioeconómico? Es muy probable que usted realmente respete e intente ayudar a la otra persona, y sinceramente lo felicito, porque ya no se encuentran este tipo de personas. Hoy en la calle se ve discriminación, envidia, ira, conflictos, desidia por el respeto, etc. Es decir, una división constante de la sociedad con cualquier tipo de excusa. Por el color, por la religión, porque tiene una camiseta distinta a la mía, porque tiene más o menos dinero, porque es gordo, porque es flaco... por lo que sea, la sociedad se parte en pedazos. ¿Cuándo vamos a entender que todos somos iguales y necesitamos del otro para vivir? ¿Cuándo vamos a entender que hay personas que piensen distinto a lo que pienso yo? ¿Cuándo vamos a entender que al que piensa otra cosa no hay que atacarlo sino escucharlo, aprender, debatir y CRECER, porque eso nos hace progresar como sociedad? ¿Cuándo vamos a aprender que nos falta mucho por conocer, y de todas las personas se puede tomar algo nuevo? ¿Cuándo vamos a aprender a aprender?

No hay caso: cada vez nos encerramos más en lo que pensamos nosotros. Nos mentalizamos en que la opinión del otro será inferior y con menos argumentos que la mía, por más vaga que fuera. Que lo que yo hago, pienso y siento está por encima de lo que otro hace, piensa o siente. Y, así, seguimos generando esa ‘violencia’ con la que se vive hoy en día. No hay paz. No hay tranquilidad. Vayas donde vayas, tenés que cuidar al detalle desde la ropa que te ponés (no vaya a ser que te pongas una camiseta de tu equipo y te cruces con alguien del equipo rival), hasta de cómo y a quién mirás, ya que todo puede generar violencia en la otra persona. Porque, perdón que sea reiterativo, pero ya no se respeta al que piensa distinto.

Respeto… Hoy en día parece una mala palabra. Todos se jactan de hacerlo, y pocos lo realizan. Es como el programa de televisión que nadie afirma que ve, y tiene 50 mil puntos de rating. Es como el político que todos odian, que nadie votó, pero que ganó 3 elecciones. Así es el respeto: nadie lo respeta. Y no sólo hablo del trato con la gente, sino que voy hasta lo más simple, casi intangible, como el no tirar un papel en la calle (para algo hay tachos y, si no los hay, para algo tenemos los bolsillos), el dar el asiento en el colectivo a alguien que lo necesita más que yo, el mantener los viejos –y anhelados- ‘códigos de barrio’ que se tenían décadas atrás, y tantas situaciones más. Pero no, no lo respetamos. “¿Para qué lo voy a tirar el papel en el tacho si la calle está toda sucia? ¿Para qué le voy a dar el asiento a la señora mayor, si el de adelante tampoco se lo dio y es más joven que yo?”, son algunas de las cosas que nos preguntamos en algunas situaciones. ¡Claro! Es muchísimo más simple escudarse con que otro ya realizó esa mala acción a intentar cambiar en algo nosotros. Y si lo pensamos así, nos debemos dar cuenta que tenemos mucho que aprender. Llega un punto en el que hay que producir un cambio, porque sino la sociedad va a ir empeorando, involucionando, y creo que ninguno de nosotros quiere un peor país para las generaciones siguientes, para nuestros hijos, para nuestros nietos, y para los que vengan.

¿Es difícil producir ese cambio? Sí, es excesivamente arduo. Es un trabajo que puede tardar varias generaciones para que se expanda, y que, si en algún momento no lo mantenemos, en pocos años puede fracasar. Pero estamos en una etapa en la historia de nuestra civilización en la que necesitamos llevar adelante un cambio de esta índole, porque vemos que si todo sigue como va, la sociedad que quedará para las siguientes generaciones se irá dividiendo cada vez por más motivos. Motivos que jamás serán valederos para dividir un pueblo, una ciudad, un país, un continente o el planeta en su totalidad. Motivos estúpidos, que sólo el ser humano le da importancia, dejando de lado lo que realmente importa: que todos somos iguales.

Creo que sería productivo que cada uno de nosotros intente generar, por más mínimo que fuere, un cambio en las personas que nos rodean. Enseñemos, ayudemos, motivemos, empecemos. A continuación de cada una de estas cuatro palabras, agréguenle dos más: ‘a respetar’. Y llevémoslo a cabo. Enseñemos a respetar; ayudemos a respetar; motivemos a respetar; empecemos a respetar. Tengamos fe que desde hagamos esto, algo va a cambiar. No tengo dudas.


Christian Julián Iriarte



(La frase del título es de John Lennon)

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