Muchas veces creí que la mía era una impaciencia sin igual. Que, además de querer todo ya, no podía ni sabía esperar que corra el tiempo. Los minutos eran horas, las horas eran días, los días eran semanas… y así. Más aún, cuando eran momentos de tormentas en mi vida. ¿Cuántas veces uno quiso dormirse y despertarse tres meses más tarde, cuando las tormentas ya fueran días de pleno sol? ¿Cuántas veces uno quiso irse por tiempo indefinido, buscando dejar atrás esas lluvias? ¿Cuántas veces uno quiso escaparle a los problemas?
Creo que el instinto de todo ser humano, es el de intentar escapar ante un problema. Después, cada ser humano lo toma como su personalidad lo desee encarar. Por mi parte, yo siempre, pero siempre, trato de encontrar soluciones. Muchas veces los problemas a uno lo superan, y es en ese momento donde hay que tener la valentía de escalar un poquito más arriba de donde está el problema, y lograr mirarlo con soberbia. No literalmente con soberbia, porque podemos confundirnos, pero la idea es mirarlo desde arriba como diciéndole: “Problema puto, no ves que soy más fuerte, estoy más alto y te voy a superar”. No hay que tener dudas de que todo, pero todo, se gesta en la cabeza del ser humano. Si la mente está fuerte, no hay nada que te haga tambalear. Pensemos… ¿Porqué si otro logró hacer algo, yo no lo podré hacer?¿Hay imposibles en esta vida? ¿Quién define lo que es posible y lo que es imposible?
Yo soy de los que creen que en esta vida hay una sola cosa imposible: escaparle a la muerte. Tarde o temprano, a todos nos llegará, y ahí sí no habrá vuelta atrás. Pero eso es lo único que no tiene solución. Lo único. Al resto de las cosas se le pueden encontrar mil soluciones distintas, pero está en nosotros buscarlas y ponerlas en práctica. Nadie podrá ayudarnos, si nosotros no nos queremos ayudar a nosotros mismos. Si nuestra cabeza está en pesimista, soy capaz de apostar hasta lo que no tengo que las cosas no irán bien. Se podrán maquillar para que parezcan más armónicas, pero en el fondo, sabremos que las cosas no están bien. Por otro lado, se puede pensar de forma optimista, sin dudas. Y eso depende de cada uno, porque los límites de los imposible, nosotros mismos nos los marcamos.
Volviendo al tema principal, el del tiempo, es un punto complicado y de inflexión en la vida de las personas. ¿Cuántas veces nos han dicho que el tiempo todo lo cura? ¿Cuántas veces nos han dicho que el tiempo pone las cosas en su lugar? ¿Cuántas veces nos sentimos sin las fuerzas para esperar quién sabe cuánto tiempo hasta que se acomoden las cosas?
De algo no hay dudas: el tiempo que tarda la vida en ordenar todo, es sumamente inferior al que nosotros sentimos que será. Cuando pasa algo malo, y creemos que tendremos que esperar mucho para que se acomoden las cosas, nos tiramos en la cama y pensamos. Nos imaginamos dentro de muchos años, con el mismo problema que tenemos hoy. Nos imaginamos toda la vida abriendo el paraguas en contra de la misma tormenta interminable. Vemos nuestro futuro y, al lado, al problema. “¡La puta madre!, me va a perseguir siempre”, pensamos. Y cuando nos queremos acordar, ya está todo en su lugar, cuando no pasó ni un 10% del tiempo que creíamos que tomaría.
Pero sí… ¡Cómo sufrimos ese 10% del tiempo! ¿Pero porqué salimos adelante? ¿Cómo hicimos para que se solucione todo tan rápido? Con coraje y convicción. Es muy probable que hayamos tenido alguien al lado que nos apoyó incondicionalmente, pero la verdad está en nuestra cabeza. El día que, sin darnos cuenta, la piedrita en el camino ya había sido corrida, es el día en el que nuestra cabeza tomó el coraje necesario para salir adelante. “Porque vos sos fuerte, no te puede tirar abajo semejante pelotudez”, pensás en ese momento. “¡Qué perdida de tiempo haber estado tan mal!”, aprendés a razonar. Y ya está… No pasó ni un poquito de tiempo del que imaginabas, y ya todo está normal. Normal, o incluso mejor de lo que antes estaba.
La súper tormenta que nos seguía a todos lados un tiempo atrás, ahora ni siquiera es una lluvia pasajera. O si, como suele pasar, aparece una lluviecita tenue, sabemos que nos pondremos la capucha y seguiremos para adelante, esquivando charcos. Porque ya está, la cabeza así lo dice. Porque ya está, esa lluvia es del pasado. Porque ya está, el tiempo ya pasó. Porque ya está, ya nos sobra coraje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario