Las aplicaciones del Facebook entretienen, de eso no hay dudas. Uno se divierte abriendo su “Galleta de la suerte”, leyendo “La palma de su mano” (¿Cómo carajo ven mi mano? ¿Mi mouse es un invento tecnológico de Facebook y registra las formas de mi palma?), descubriendo el “Amor de tu vida” (¡Qué fácil sería encontrarlo así!), y gran cantidad de cosas más. Pero algo me llamó la atención en la aplicación “Frases para sentirte bien”, ya que paradójicamente me sentí mal al leerla. La frase rezaba: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”. Me produjo indignación. ¿Quién puede pensar que un optimista se queda con lo que hay? ¿Quién puede pensar que el optimista no quiere cambiar el mundo? ¿Quién puede creer que un pesimista tendría la fuerza necesaria para cambiar la realidad?
Entremos en contexto: ¿qué es el optimismo?. Según
Creo que si uno se considera optimista no piensa en esta clase de optimismo que el mundo ve (el diccionario es un real exponente del significado popular de las palabras), sino que lo hace al ver que ante la adversidad tiene las fuerzas necesarias para salir adelante, y porque, a lo sumo, valora las cosas buenas que va viviendo. Tampoco hay que ser hipócritas: muchas veces uno pasa por etapas pesimistas por culpa del miedo a perder algo (o alguien) ó por su inseguridad personal. En contraposición, es positivo admitir su etapa de pesimismo y sus falencias, para así poder mejorar de a poco.
Volviendo a lo que significa NO literalmente el optimismo, al pensar en una persona con ésta forma de ser, no creo que no sea posible imaginarse una persona enérgica, alegre, con una sonrisa que transmita paz, queriendo que todos a su alrededor sonrían, tomando las crisis como una oportunidad (no como una amenaza) y recibiendo palo tras palo pero siempre saliendo adelante. Con ganas, siempre con ganas. A su vez, por ser seres humanos, de vez en cuando sentís el derecho a caerte y a bajar un poco la guardia. Pero hay que resistir, porqueesos golpes sí que duelen, ya que no estás acostumbrado a recibirlos.
Puede ser muy peligroso que estés con la guardia baja, porque nunca se sabe cuando vas a volver a levantar los brazos. El árbitro, al verte en la lona, devastado y tratando de levantarte, comienza a contar hasta 10. Muchas veces es posible levantarse entre los primeros números de la cuenta, ya que puede venir gente de afuera del ring que te agarre los brazos y te los hagan subir. A veces tarda un poco más, porque si bien la gente puede levantarte los brazos, si no sabés mantenerlos arriba, los músculos no te responden. Y a veces se llega hasta lo peor. Escuchás el “¡Diez!” y sentís que estás todavía más en el piso que antes. ¿Y ahora? ¿No nos levantamos más? ¿Nos quedamos tirados y dejamos que el otro nos gane? ¿Te parece bajar los brazos? ¿Acaso no eras optimista? ¿Vas a dejar que esa crisis te deje bien tirado en el piso? ¿O vas a levantar el lomo y demostrarte a vos mismo que esa crisis te hizo más fuerte? ¿No vas a demostrarte que esa crisis pasó porque tenía que pasar? ¿No vas a demostrarte que pasó para que pudieras fortalecerte?. Puede ser la crisis más dolorosa de todas, la que te haga sentir que ya no tiene sentido nada. Pero con sólo pensar eso te das cuenta que esa crisis tuvo algún tipo de sentido: el de hacerte madurar, el de hacerte más fuerte, el de demostrarte que te vas a poder levantarte de nuevo… el de hacerte crecer.
De todo esto podremos inferir que todas las personas son optimistas, porque tarde o temprano todos se levantan después de una crisis. Entonces podemos afirmar que los pesimistas no existen, sino que son optimistas que les resulta más difícil llevar adelante su vida cuando les toca una mala racha. ¿Y si realmente creo que hay pesimistas? ¿Si veo alguien que ante cada situación que no se da como esa persona espera cree que no puede conseguir algo mejor, y se cae, y no se levanta? Más que pesimista, esa persona es conformista. Si la persona no se conforma con lo que tiene y quiere algo mejor, puede caerse… pero se va a levantar. Va a tener el optimismo para, tarde o temprano, levantar esa guardia y empezar a defenderse de los golpes que vendrán mientras va tirando algún que otro puñetazo para salir adelante. Pero si una persona no tiene las aspiraciones de levantarse, de crecer, de ser algo más, de superarse día a día, de soñar con estar mejor a cada paso que vaya dando, podemos afirmar que la persona se conforma con muy poco. Porque siempre se puede estar peor, obviamente, pero también siempre se puede estar mejor. No proponerse objetivos o trazarse alguno fácilmente alcanzable, nos transforma en conformistas. Por ejemplo: empezamos a trabajar en una gran empresa y nuestro objetivo es el de ser encargado de una sección. Logramos ese cargo y… ¿ahora qué hacemos?. No pensamos en lo que queríamos después. ¿Qué hacemos?. En cambio, si uno se traza un objetivo más alto, tomará el ascenso a ‘Encargado de la sección’ como el primer objetivo que forma parte de un gran camino. Y trabajará más motivado, con más fuerzas y con más ganas. Sí, obvio… a los cargos más altos llega poca gente, y si no lo logramos nos producirá una fuerte desilusión. Obvio que sí, pero ¿es preferible llorar por un objetivo propuesto pero no alcanzado, o es mejor quedarte pensando en qué hubiera sucedido si me lo planteaba?.
Creo que en la vida todo es así. Es mejor intentarlo y fracasar, que quedarse con la duda ¿que hubiera sido si…?. Además ¿quién te afirma que vas a fracasar? ¿Quién te dice que no hay más chances de tener éxito que de no triunfar? Y si alguien te afirma que no tendrás éxito… ¿le vas a hacer caso al conformista, o vas a pelearla para demostrarle que sí se puede?
Sin dudas, prefiero intentarlo y fracasar, a quedarme pensando en lo que hubiera sido si lo intentaba. Debe ser que soy un poco optimista…
No hay comentarios:
Publicar un comentario