A veces uno piensa que el destino es injusto. Que uno no se merece lo que está viviendo, porque -como diría alguna abuela- “uno cosecha lo que siembra”. Tratamos de hacer las cosas bien, pero vienen tempestades en contra.
A veces uno siente que el destino está jugándonos una mala pasada, y que todo lo malo le pasa a uno. Que no hay otro destino más que el error que deriva en el fracaso. Fracaso… ¡Qué palabra fea ¿no?!
¿Pero qué pasa si en un futuro, distante o no tanto, nos damos cuenta que esa elección que el destino tuvo para con nosotros, no era tan perjudicial, sino que resultaba ser la más indicada? Miremos hacia el pasado y recordemos los cientos de momentos en los que le echamos culpas al destino de ser injusto… ¿Cuántas veces teníamos razón en que lo sucedido era algo negativo en serio? ¿Cómo sabemos si era negativo, si todavía nuestra vida no termina? No hay dudas: muchas veces suceden cosas muy duras, trágicas, de las que uno nunca querrá haber vivido ni se las deseará a su peor enemigo. Cosas que, a veces, no estamos preparados para vivir. Y cosas que, sin lugar a dudas, son injustas. ¿Pero quién te dice que lo que te pasa hoy, lo estás sufriendo mientras se está generando algo mucho más grande y lindo para el futuro? Quién te dice, quizá hoy sufrimos para poder valorar más lo que venga en un tiempo…
Pero todo eso es parte de vivir, aprender y madurar. La vida, día a día, nos va tirando bolitas debajo de las zapatillas, para que en la primera de cambio, resbalemos y caigamos. Caerse… ¡Qué palabra fea ¿no?!
Muchas veces uno culpa al destino, o deja todo en sus manos. “El destino sabrá lo que debe pasar”, se oye una infinidad de veces al día. ¿Pero qué pasa si no tentamos a ese destino a que nos traiga lo que queremos? Ya lo he dicho, y lo repito: no vamos a ganar la lotería si jamás compramos un cartón. ¿Cuántas chances hay de encontrarse un ticket de la quiniela en la calle y que, encima, tenga el número ganador? ¿Y cuántas chances tenemos de ganar, si apostamos día a día? No es para incentivar al vicio jaja, pero tomemos la metáfora. ¿Apostamos en nuestra vida día a día para que vuelvan las cosas buenas, o nos quedamos cruzados de brazos esperando que el destino nos traiga lo ideal? ¿Cuántas chances tengo de ganar la lotería si apuesto siempre y cuántas tengo si jamás lo hago? ¿Cuántas chances tengo de ganar algo en la vida si apuesto siempre, y cuántas tengo si jamás lo hago?
Creo que uno en la vida se maneja por sueños e ideales, que la propia vida va golpeándolos y haciéndolos cada vez más permeables… ¿Pero no es lindo luchar por esos sueños? ¿No es lindo sentir ese nerviosismo que provoca el hecho de ir acercándose cada vez más y más a ese sueño tan ansiado? ¿Y no nos llena de orgullo lograr ese deseo tan anhelado?
Luchar, sueños, ideales, apostar, orgullo… ¡Qué palabras lindas ¿no?!
Al sueño de crecer y amar, lo han ESTAFADO tanto, se quiere matar
• El destino está en tus manos •

Muuyy buena la foto ;) abrazo.
ResponderEliminarir & venir, volver atrás
ResponderEliminarno me hace nada, nada bien.
pensas mucho, es raro eso a veces
yo cuando pienso mucho me pierdo